“El Mediterráneo acaba donde el olivo deja de crecer”. La cita, del médico, escritor y poeta parisino Georges Duhamel, define bien hasta qué punto hablar de la historia del aceite de oliva es hacerlo de la propia cultura mediterránea.

Según los expertos, el aceite de oliva fue descubierto y empezó a utilizarse hace miles de años, cuando romanos, griegos y fenicios comenzaron a cultivar olivos y a extraer el zumo de la aceituna. Especial relevancia adquirió en Grecia, donde desempeñó un papel esencial, por ejemplo, en los juegos olímpicos. Los primeros vencedores olímpicos, sin ir más lejos, recibían una corona de olivo y una retribución en aceite de los árboles sagrados que eran símbolo de victoria y riqueza. El primero en lucir una, a modo de curiosidad, fue el griego Korebo en el año 776 a. C., tras imponerse en la modalidad de carrera.

La mitología de casi todos los pueblos mediterráneos se auto adjudican la invención del árbol del olivo, pero la versión más extendida y conocida, seguramente, es la versión griega. La historia cuenta que Atenea, la diosa que nació de la frente del mismísimo Zeus, competía con Poseidón, el dios de los mares, por el patronazgo de la actual Atenas y que ganó el conflicto porque brindó a sus pobladores “el mejor regalo posible”: el primer olivo. Los romanos tampoco se quedaron cortos en la definición al hablar del olivo como el “rey de los árboles”.

La simbología del olivo no solo es protagonista en la mitología griega o romana, donde Atenea es conocida por Minerva. También en el cristianismo, puesto que el olivo ya aparece en el libro del Génesis en forma de rama para anunciarle a Noé el final del diluvio y toma una mayor importancia en el nuevo testamento, donde el olivar aparece de manera recurrente. Sin ir más lejos, cuando Jesús, según la leyenda cristiana, es crucificado en una cruz hecha de madera de olivo o se habla del huerto de olivos al que iba a rezar y que se llamaba Getsemaní (que a su vez se traduce como “prensa de aceite”). El Corán también hace referencia al olivar como “el árbol que no es de oriente ni de occidente” y la propia palabra aceite deriva del árabe y, más en concreto, de “az-zait”, que significa jugo de aceituna. A diferencia de otros países, España, como también hizo Portugal, prefirió esta denominación antes que la del latín Oleum, de la que deriva Óleo y de la que emanan el “Oil” de los ingleses, el “Huile” de Francia o el italiano “Olio”. De la misma manera, la palabra almazara tiene igualmente origen árabe (al-ma´sara: lugar donde se exprime la aceituna para obtener aceite. Aquí, cabe recordar también que en muchos países la palabra aceite está reservada y hace referencia en exclusiva al que nace del olivo, al que se obtiene de un fruto, en este caso de la aceituna, y no así de una semilla. Las diferencias y ventajas del aceite de oliva, el ingrediente fundamental de la dieta mediterránea al que ya Homero, en el siglo VIII a.C., definió con precisión como oro líquido.

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